¿Qué ocurre cuando una inundación deja sin electricidad a un barrio o una ola de calor afecta al transporte o un centro sanitario no puede prestar sus servicios con normalidad?
Los efectos del cambio climático sobre las infraestructuras van mucho más allá de los daños materiales porque pueden alterar las actividades de las personas y dificultar el acceso a servicios de los que dependemos cada día.
Con esta preocupación, el Comité Técnico CT-3 de CONAMA 2026, Evaluación de riesgos e impactos derivados del cambio climático. Análisis de las infraestructuras, coordinado por IHCantabria y Tecnalia aporta ideas de cómo mejorar la adaptación de las infraestructuras frente a los riesgos climáticos.
En concreto, una de las principales ideas que surgieron durante el encuentro fue que ya no basta con conocer los riesgos. Ahora hace falta traducir ese conocimiento en decisiones que permitan prevenir daños y mantener los servicios esenciales incluso en situaciones adversas.
Consecuencias que van más allá
Las infraestructuras no funcionan de manera por sí solas y la interrupción del suministro eléctrico puede afectar al abastecimiento de agua, a las comunicaciones o al funcionamiento de instalaciones sanitarias.
Por eso, uno de los asuntos que centró el debate del comité técnico fue la necesidad de analizar los riesgos climáticos a la vez que se tienen en cuenta las conexiones entre los distintos sistemas.
Este comité planteó generar evaluaciones que no se limiten a estudiar los daños que puede sufrir una carretera, una red eléctrica o una instalación de agua, sino que permitan comprender cómo esos impactos pueden extenderse a otros servicios hermanos.
En él, tambien se destacó la importancia de contar con datos con los que proyectar escenarios climáticos futuros y facilitar la toma de decisiones en distintos sectores.
Invertir antes de que se produzcan los daños
Otro de los temas tocados fue la dimensión económica de la adaptación porque reparar una infraestructura después de una emergencia supone un coste que, en muchas ocasiones, termina recayendo sobre los presupuestos públicos y reduce los recursos disponibles para otras necesidades.
Frente a este modelo de respuesta, el comité planteó la importancia de integrar la adaptación en la planificación económica de las administraciones y las empresas.
Esto implica analizar cuánto cuesta prevenir, pero también cuánto puede costar no hacerlo. En este sentido, se debatió sobre el papel de los seguros, la financiación y de los mecanismos que permitan reconocer el valor económico de las inversiones que buscan reducir los riesgos climáticos.
El mantenimiento de las infraestructuras también ocupó un lugar destacado. Muchas entidades operadoras ya realizan acciones para responder a los impactos del clima, aunque estos esfuerzos no siempre se identifican ni contabilizan como medidas de adaptación.
De este modo, anticiparse a los problemas mediante el mantenimiento preventivo podría ayudar a reducir daños, evitar y planificar mejor los recursos.
Reconstruir es volver al mismo sitio de antes
Las experiencias recientes con fenómenos extremos también estuvieron presentes en la reunión. Entre ellas, se abordaron algunos aprendizajes de la DANA de Valencia.
Uno de los ejemplos compartidos fue el de un edificio comercial cuyo diseño había previsto una planta baja diáfana y la ubicación de equipamientos críticos en niveles superiores. Estas características contribuyeron a reducir los daños durante la inundación y permitieron utilizar el edificio como refugio.
El caso sirvió para ilustrar la forma en que algunas decisiones tomadas desde el diseño pueden mejorar la capacidad de respuesta ante una emergencia.
Al mismo tiempo, se reflexionó sobre el riesgo de que la reconstrucción de las zonas afectadas reproduzca las mismas vulnerabilidades existentes antes del desastre.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre recuperar cuanto antes los servicios y aprovechar las intervenciones para reducir la exposición a futuros fenómenos extremos.
La adaptación protege
El comité recordó que los efectos del cambio climático no afectan por igual a toda la población. La capacidad para prepararse y responder a una emergencia depende también de las condiciones sociales y económicas.
Por ello, se propuso incorporar la perspectiva de resiliencia justa en el diseño y la gestión de las infraestructuras.
Entre los aspectos abordados estuvieron la necesidad de contar con protocolos de emergencia para las personas con discapacidad y de garantizar la continuidad de la atención sanitaria cuando una instalación queda fuera de servicio. Durante la DANA, por ejemplo, se produjeron dificultades para acceder a medicamentos y tratamientos.
También se puso el foco en las condiciones laborales de quienes trabajan al aire libre o en sectores expuestos a los fenómenos extremos. En este caso, adaptar los horarios y reforzar la prevención fueron algunas de las medidas que se plantearon.
Más tecnología, pero también más coordinación
Por otro lado, la innovación puede aportar nuevas herramientas para anticipar problemas. Los sensores y la inteligencia artificial permiten conocer mejor el estado de las infraestructuras y evaluar el funcionamiento de las medidas de adaptación.
Sin embargo, disponer de mejores datos no garantiza por sí solo que las actuaciones se lleven a cabo.
Durante el encuentro también se habló de las dificultades que surgen cuando un mismo riesgo afecta a varias administraciones. Por ello, clarificar responsabilidades y mejorar la colaboración público-privada son cuestiones fundamentales para que las soluciones puedan pasar del papel a la práctica.
Del diagnóstico a la acción, en CONAMA 2026
El comité también planteó la importancia de compartir casos reales, incluidos aquellos en los que las medidas no hayan funcionado como se esperaba, para identificar aprendizajes útiles y facilitar su aplicación en otros territorios.
Porque adaptar las infraestructuras al cambio climático no consiste únicamente en hacerlas más resistentes. Se trata también de garantizar que las personas puedan seguir accediendo al agua, la energía, el transporte, la atención sanitaria y otros servicios esenciales cuando más los necesitan.
Estos debates formarán parte del Congreso Nacional del Medio Ambiente (CONAMA 2026), que se celebrará del 30 de noviembre al 3 de diciembre en IFEMA Madrid.
Puedes consultar todo el programa de CONAMA 2026.